La cerámica española e italiana afrontan una tormenta perfecta: competencia global feroz, costes energéticos disparados, regulación climática exigente y mercados inestables. Castellón, corazón del azulejo europeo, se juega su futuro inmediato. La industria pide tiempo, reglas justas y apoyo para poder seguir siendo un referente mundial.
La industria cerámica europea, y muy especialmente la de Castellón, vive uno de los momentos más delicados de su historia reciente. Los últimos datos muestran un desplome de las exportaciones en mercados clave como Estados Unidos, mientras competidores como India vuelven a ganar terreno incluso con aranceles en contra. Las importaciones indias crecen un 4%, mientras que las españolas caen un 35% y las italianas un 15%.
Los fabricantes se enfrentan a una competencia internacional cada vez más agresiva. Por un lado, la India y otros países asiáticos están aprovechando su menor coste energético, su sobrecapacidad productiva y la ausencia de restricciones ambientales para inundar mercados donde España e Italia habían sido líderes. Por el otro, la patronal europea reclama medidas antidumping también para estos nuevos actores que están ocupando el espacio dejado por Europa.
El sector sufre un gran golpe regulatorio por parte de UE. La nueva normativa europea de emisiones supone un incremento drástico de costes. Solo en 2025, el pago por CO₂ se dispara un 53%, hasta los 56 millones de euros para el sector español. Por ello, el clúster castellonense —Ascer, Anffecc, empresas, Diputación y ayuntamientos— ha presentado más de 30 alegaciones en Bruselas para reclamar un benchmark propio, adaptado a la realidad tecnológica del azulejo. La industria necesita un calendario verde realista, que permita avanzar sin poner en riesgo miles de empleos.
Se ha planteado la electrificación y captura de carbono como únicas salidas. Según Qualicer, las alternativas más viables hoy son la electrificación y la captura de carbono, pero requieren inversiones millonarias y un marco regulatorio estable. Algunas empresas ya están presentando proyectos de eficiencia energética y tecnologías ambientales para reducir emisiones.
El sector afronta una producción a la baja y mercados inestables. La producción española calló un 7,5% en abril, encadenando dos meses de descensos, afectada por la guerra en Irán, la volatilidad logística y la pérdida de competitividad. A pesar de estos factores negativos, el sector mantiene presencia en ferias internacionales como ExpoTile (Reino Unido), tratando de defender cuota y visibilidad.
Los productores castellonenses han comenzado a movilizarse. La Diputación defiende en Bruselas una industria que sostiene 70.000 empleos directos e indirectos. También se está impulsando el talento joven, la innovación en instalación cerámica y las nuevas tecnologías ambientales. Aun así, no es suficiente para mantenerla a flote, por lo que el mensaje es que, sin apoyo europeo, el principal motor industrial de la provincia valenciana está en riesgo.



