miércoles, 10 de junio de 2026

Punto crítico para la cerámica española e italiana



La cerámica española e italiana afrontan una tormenta perfecta: competencia global feroz, costes energéticos disparados, regulación climática exigente y mercados inestables. Castellón, corazón del azulejo europeo, se juega su futuro inmediato. La industria pide tiempo, reglas justas y apoyo para poder seguir siendo un referente mundial.


La industria cerámica europea, y muy especialmente la de Castellón, vive uno de los momentos más delicados de su historia reciente. Los últimos datos muestran un desplome de las exportaciones en mercados clave como Estados Unidos, mientras competidores como India vuelven a ganar terreno incluso con aranceles en contra. Las importaciones indias crecen un 4%, mientras que las españolas caen un 35% y las italianas un 15%.

Los fabricantes se enfrentan a una competencia internacional cada vez más agresiva. Por un lado, la India y otros países asiáticos están aprovechando su menor coste energético, su sobrecapacidad productiva y la ausencia de restricciones ambientales para inundar mercados donde España e Italia habían sido líderes. Por el otro, la patronal europea reclama medidas antidumping también para estos nuevos actores que están ocupando el espacio dejado por Europa.

El sector sufre un gran golpe regulatorio por parte de UE. La nueva normativa europea de emisiones supone un incremento drástico de costes. Solo en 2025, el pago por CO₂ se dispara un 53%, hasta los 56 millones de euros para el sector español. Por ello, el clúster castellonense —Ascer, Anffecc, empresas, Diputación y ayuntamientos— ha presentado más de 30 alegaciones en Bruselas para reclamar un benchmark propio, adaptado a la realidad tecnológica del azulejo. La industria necesita un calendario verde realista, que permita avanzar sin poner en riesgo miles de empleos.

Se ha planteado la electrificación y captura de carbono como únicas salidas. Según Qualicer, las alternativas más viables hoy son la electrificación y la captura de carbono, pero requieren inversiones millonarias y un marco regulatorio estable. Algunas empresas ya están presentando proyectos de eficiencia energética y tecnologías ambientales para reducir emisiones.

El sector afronta una producción a la baja y mercados inestables. La producción española calló un 7,5% en abril, encadenando dos meses de descensos, afectada por la guerra en Irán, la volatilidad logística y la pérdida de competitividad. A pesar de estos factores negativos, el sector mantiene presencia en ferias internacionales como ExpoTile (Reino Unido), tratando de defender cuota y visibilidad.

Los productores castellonenses han comenzado a movilizarse. La Diputación defiende en Bruselas una industria que sostiene 70.000 empleos directos e indirectos. También se está impulsando el talento joven, la innovación en instalación cerámica y las nuevas tecnologías ambientales. Aun así, no es suficiente para mantenerla a flote, por lo que el mensaje es que, sin apoyo europeo, el principal motor industrial de la provincia valenciana está en riesgo.

jueves, 21 de mayo de 2026

El PSOE "democrático"

 La caída del PSOE del pedestal en que los españoles lo pusimos después de la muerte de Franco, no sólo es un shock traumático para sus votantes y para la izquierda en general.

Fuimos muchos los que votamos a aquel joven desconocido, proveniente de Francia, al que allí apodaban Isidoro. Luego, se convertiría en Felipe González. Muchos jóvenes votamos en 1977 con ilusión a aquel Partido Socialista porque nos gustaba su candidato. Sus promesas y ejes de campaña se articularon como un marco político y moral para la transición.

Nos gustaba lo que nos ofreció: una transformación moderada del país desde la condición de súbditos a la de ciudadanos, y un modo nuevo de entender la democracia; prometió que los españoles votaríamos en libertad, sin miedo, donde el voto sería no solo un derecho sino un deber cívico para dejar atrás nuestro pasado autoritario.

González insistió en que el PSOE no quería convertir la campaña en un combate entre partidos, sino en una participación colectiva en un destino común. Hizo estas promesas:
- que el programa socialista se construiría con la ciudadanía, no impuesto desde arriba.
- que el PSOE aportaría alternativas serias, con proyección internacional y alejadas del aislacionismo heredado de la dictadura.

¿Por qué nos convenció en su campaña electoral? Porque su discurso no se centró en promesas sectoriales (empleo, economía, etc.), sino en tres ideas que considerábamos fundamentales en aquel momento: fuerza, libertad, ciudadanía y democracia efectiva. Era un programa de transición, más ético que técnico.

Aquel programa del PSOE fue derivando en otro que no se parecía a lo prometido por González.
Hasta el año 2011 se mantuvieron estos valores en el PSOE, pero con Zapatero se prioriza la ética normativa sobre la “buena gestión” de nuestros recursos económicos.

Posteriormente, desde el 2015, con el comienzo del declive del bipartidismo, el PSOE necesita a otros para poder mantenerse en el gobierno y comienza su deriva hacia el extremismo de la izquierda:
- Con la Ley de Memoria Histórica rompe el pacto de paz y reconciliación de la postguerra abriendo tumbas entre los españoles, física y emocionalmente.
- Sus políticas de igualdad y la Ley del Sí es Sí abren una brecha entre parejas y la vida familiar promoviendo los derechos femeninos, extremadamente, y ninguneando los de los varones.
- El impulso de las energías renovables, por falta de visión, están enfrentando al campo y a las fuentes de energía nuclear con ellas.

Es decir, desde el 2015, la ética dominante, por falta de mayorías absolutas, deja de ser la de la reconciliación y el consenso y pasa a ser la de la negociación, la coalición y el pluralismo parlamentario. El PSOE tiene que pactar con múltiples fuerzas y buscar consensos variables con grupos parlamentarios extremistas: Bildu, Podemos, Junts (separatistas), etc. Sánchez, para mantenerse en el poder, tiene que acceder a todas las peticiones y pactos que prometió no hacer.
En cuanto a la política fiscal del PSOE pasamos de construir un sistema fiscal democrático y una “modernización recaudatoria”, que financia un Estado del “bienestar” elefantiásico e insostenible, que consiste en:
- sangrar al autónomo o hacerlo desaparecer,
- penalizar al empresario que da trabajo a cientos o miles de trabajadores,
- inventar asesores de los políticos
- incrementar el funcionariado, en la era digital, donde habría que reducirlos.

¿Os acordáis de la crisis de 2008 (2004-11, segunda legislatura de Zapatero) que acabó con nuestras Cajas de Ahorros? Pues desde ese año no dejamos de acumular deuda pública. Se ha acumulado tanto durante el gobierno de Rajoy (2011-18), como en los de Zapatero y ahora se ha disparado con el de Sánchez. Antes de 2008, la deuda había tenido oscilaciones, pero no una tendencia explosiva ni acumulativa. Desde 2011, España ha acumulado casi un billón de euros de deuda pública adicional, alcanzando un máximo histórico de 1,74 billones en 2026.

¿Qué hacemos con este PSOE?