jueves, 21 de mayo de 2026

El PSOE "democrático"

 La caída del PSOE del pedestal en que los españoles lo pusimos después de la muerte de Franco, no sólo es un shock traumático para sus votantes y para la izquierda en general.

Fuimos muchos los que votamos a aquel joven desconocido, proveniente de Francia, al que allí apodaban Isidoro. Luego, se convertiría en Felipe González. Muchos jóvenes votamos en 1977 con ilusión a aquel Partido Socialista porque nos gustaba su candidato. Sus promesas y ejes de campaña se articularon como un marco político y moral para la transición.

Nos gustaba lo que nos ofreció: una transformación moderada del país desde la condición de súbditos a la de ciudadanos, y un modo nuevo de entender la democracia; prometió que los españoles votaríamos en libertad, sin miedo, donde el voto sería no solo un derecho sino un deber cívico para dejar atrás nuestro pasado autoritario.

González insistió en que el PSOE no quería convertir la campaña en un combate entre partidos, sino en una participación colectiva en un destino común. Hizo estas promesas:
- que el programa socialista se construiría con la ciudadanía, no impuesto desde arriba.
- que el PSOE aportaría alternativas serias, con proyección internacional y alejadas del aislacionismo heredado de la dictadura.

¿Por qué nos convenció en su campaña electoral? Porque su discurso no se centró en promesas sectoriales (empleo, economía, etc.), sino en tres ideas que considerábamos fundamentales en aquel momento: fuerza, libertad, ciudadanía y democracia efectiva. Era un programa de transición, más ético que técnico.

Aquel programa del PSOE fue derivando en otro que no se parecía a lo prometido por González.
Hasta el año 2011 se mantuvieron estos valores en el PSOE, pero con Zapatero se prioriza la ética normativa sobre la “buena gestión” de nuestros recursos económicos.

Posteriormente, desde el 2015, con el comienzo del declive del bipartidismo, el PSOE necesita a otros para poder mantenerse en el gobierno y comienza su deriva hacia el extremismo de la izquierda:
- Con la Ley de Memoria Histórica rompe el pacto de paz y reconciliación de la postguerra abriendo tumbas entre los españoles, física y emocionalmente.
- Sus políticas de igualdad y la Ley del Sí es Sí abren una brecha entre parejas y la vida familiar promoviendo los derechos femeninos, extremadamente, y ninguneando los de los varones.
- El impulso de las energías renovables, por falta de visión, están enfrentando al campo y a las fuentes de energía nuclear con ellas.

Es decir, desde el 2015, la ética dominante, por falta de mayorías absolutas, deja de ser la de la reconciliación y el consenso y pasa a ser la de la negociación, la coalición y el pluralismo parlamentario. El PSOE tiene que pactar con múltiples fuerzas y buscar consensos variables con grupos parlamentarios extremistas: Bildu, Podemos, Junts (separatistas), etc. Sánchez, para mantenerse en el poder, tiene que acceder a todas las peticiones y pactos que prometió no hacer.
En cuanto a la política fiscal del PSOE pasamos de construir un sistema fiscal democrático y una “modernización recaudatoria”, que financia un Estado del “bienestar” elefantiásico e insostenible, que consiste en:
- sangrar al autónomo o hacerlo desaparecer,
- penalizar al empresario que da trabajo a cientos o miles de trabajadores,
- inventar asesores de los políticos
- incrementar el funcionariado, en la era digital, donde habría que reducirlos.

¿Os acordáis de la crisis de 2008 (2004-11, segunda legislatura de Zapatero) que acabó con nuestras Cajas de Ahorros? Pues desde ese año no dejamos de acumular deuda pública. Se ha acumulado tanto durante el gobierno de Rajoy (2011-18), como en los de Zapatero y ahora se ha disparado con el de Sánchez. Antes de 2008, la deuda había tenido oscilaciones, pero no una tendencia explosiva ni acumulativa. Desde 2011, España ha acumulado casi un billón de euros de deuda pública adicional, alcanzando un máximo histórico de 1,74 billones en 2026.

¿Qué hacemos con este PSOE?